martes, 30 de octubre de 2007

¿Interculturalidad o xenofobia?


La noticia ha sido de las más comentadas en estos últimos días. El vídeo ha sido de los más visionados en youtube. Los medios de comunicación se han hecho eco del suceso. Quien más, quien menos, lo ha comentado con sus allegados. La paliza propinada a una inmigrante en el tren de Barcelona ha causado conmoción y expectación; y una vez más, ha abierto el debate.

Las imágenes del joven insultando y pegando patadas y puñetazos a la joven ecuatoriana de 16 años causan una verdadera repugna. Por muy acostumbrado que se encuentre uno a ver disparos y puñetazos en películas y series de televisión, al encontrarnos con un hecho de este calibre, conmociona saber que es la propia realidad. Y les seré sincero, pero cuando vi el vídeo, tanta repulsa me causó el agresor como el otro joven presenciando los hechos y sin inmutarse. Más lástima me dio cuando al leer los periódicos descubrí que él también es de origen suramericano, como la víctima… de él casi no se ha comentado, pero bien se merecería una buena multa por insolidaridad con la víctima.

El hecho que las imágenes fueran captadas por las cámaras del tren, nos ha ayudado a abrir un poco más los ojos ante una realidad que no es nueva ni actual. Porque no nos engañemos, actos xenofóbicos los hay aunque no haya cámara que los filme. ¿Es que acaso no se sabe de los conciertos neonazis y las webs xenófobas? ¿No preocupan las alertas de los medios de comunicación cuando hace unos meses mencionaban los tres de cada diez franceses que se consideran racistas? ¿Y de los avisos de las organizaciones sociales clamando que no solamente el racismo sigue existiendo, sino que además se están dando rebrotes del problema?

Aprender a convivir con personas de otras culturas es una realidad inevitable. La inmigración es un hecho real. Novedoso, al que aún no estamos suficientemente acostumbrados, y no del todo resuelto en el ámbito político. Si hasta hace poco muchos veían a los inmigrantes como unas personas incapaces de integrarse, lo cierto es que la lucha por su integración se está llevando a cabo desde muchísimos ámbitos sociales y políticos. Hay ciudadanos que no pueden llevar una vida normal, por no ser del color o etnia apropiados. Pues es verdad que el rechazo social todavía perdura, y aún sentimos resistencia a facilitarles las cosas...

Tenemos mucho que hacer en este terreno, y mucho que aprender. Pero también propongo otra cuestión, de la que pocas veces se habla: ¿por qué no existe una preocupación para ayudar al inmigrante a que se integre en nuestra sociedad? Pero una preocupación verdadera, con medios reales y recursos palpables. Porque está claro que nosotros debemos hacer un esfuerzo y facilitar la interculturalidad, pero también es cierto que hay veces que por mucho que nos empeñemos en intentar conseguirlo hay extranjeros que se resisten a ponerlo fácil. Algo parecido se comentaba recientemente en el programa de Tengo una pregunta para usted, por parte del señor Josep Antoni Durán i Lleida.
Hay que esforzarse y lucharlo, pero si realmente queremos acabar con la xenofobia -que considero odiosa y repulsiva- este intento debe surgir desde todas las partes.

Y desde el ámbito político, deben ponerse los medios suficientes para afrontar esta nueva realidad social, adoptando las medidas necesarias para administrarla de forma conveniente. No es cuestión sólo de abrir o cerrar fronteras, el problema es mucho más de fondo.

Y mientras nosotros discutimos y leemos sobre este tema… ¿qué estará haciendo ahora Sergi Xavier (agresor de la chica ecuatoriana)? Quizás se encuentre consumiendo un pitillo más, hablando con su amigo del móvil, disfrutando de su libertad sin fianza.

sábado, 13 de octubre de 2007

Teresa de Jesús, la incondicional


Como supongo les pasará a muchos de ustedes, al pensar en Teresa de Jesús me viene a la memoria la magistral interpretación que Concha Velasco hizo en 1983 bajo la dirección de Josefina Molina. Capítulo a capítulo, cada semana, la pantalla nos fue ofreciendo los diversos aspectos de la vida de esta santa, que el día 15 de este mes conmemoramos su fiesta.

Los santos no nacen, se hacen. De joven ella también sintió el reclamo atractivo de las fiestas, el glamour y los amores propios de la época. Su cuerpo, embravecido como cabía esperar de una joven bella y atractiva, reclamaba un tipo de vida que nada tenía que ver con la contemplación religiosa. Luchando consigo misma, acabó ingresando en la orden carmelita profesando el 3 de noviembre de 1534. Su padre no lo consentiría mientras estuvo en vida. Y aun así, Teresa sabía que su vida estaba encaminada por esos andares.

Reponiéndose de una larga enfermedad, con la buena salud volvió de nuevo a sus aficiones mundanas, puesto que la clausura no se impuso como obligatoria hasta 1563. Y de nuevo vino la enfermedad. Y tras ella, una nueva conversión. Porque los santos no nacen, se hacen.

Pronto sintió la necesidad de fundar en Ávila un monasterio que observara de modo estricto la regla de su Orden, comprendiendo la obligación de la pobreza, el silencio y la soledad. Fue en 1562 cuando consiguió su objetivo, donde ingresaron cuatro novicias en la nueva orden de las Carmelitas descalzas de San José. No faltó alboroto, Teresa se vio obligada a regresar al convento de la Encarnación, y luego pasó cuatro años viviendo en San José con una gran austeridad. Fue víctima de la incomprensión incluso de los más allegados. Pero ella, recia y pertinaz, supo aguantar el bache. Sabía que incluso este tipo de pruebas sólo hacían que favorecerla, porque los santos no nacen… se hacen.

En 1567 acabó aprobándose el Monasterio de San José. Además de recibir la monja el permiso para fundar otros más. Así fueron llegando diversas fundaciones: Medina del Campo, Madrid, Alcalá de Henares, Malagón, Valladolid… A lo largo de estos años, junto a sus fundaciones, la enfermedad la acompañaba de modo persistente. Pero Teresa no se amedrentaba. Como tampoco lo hizo cuando fue denunciada a la Inquisición, o cuando estalló la discordia entre las Carmelitas y los Carmelitas en Plasencia. El dolor, junto a la incomprensión y el abandono, curten y hacen fuerte. Y es que Teresa lo tenía claro: el santo no nace, se hace.

Durante su vida no le faltaron tribulaciones, dudas y preguntas sin respuesta. Sin embargo confió plenamente en aquél por quién debía su vida, confiando en la providencia. Incluso siendo Burgos una de sus últimas fundaciones, la priora que se hacía cargo de él la echaría del convento. Y todo ello lo aguantaba con estoicidad y sacrificio, sin odio ni rencor.
Su confesor Francisco de Rivera ha dejado un buen testimonio de cómo era la santa: de buena estatura y en su mocedad hermosa, incluso de vieja parecía bien. Rostro redondo y proporcionado. Tez blanca y encamada. De muy buen aire en el andar, y tan amable y apacible, que a todas las personas que la miraban comúnmente aplacía mucho.

La noche del 4 de octubre de 1582 entregó su alma. Su cuerpo fue enterrado en el convento de la Anunciación en Alba de Tormes. Posteriormente sería trasladado a Ávila. Beatificada por Pablo V en 1614, fue canonizada el 12 de marzo de 1622 por el papa Gregorio XV. En 1970, junto a Catalina de Siena, se convirtió en la primera mujer elevada a la condición de Doctora de la Iglesia.

Teresa de Cepeda y Ahumada, Teresa de Ávila, Teresa de Jesús, doctora por la universidad de Salamanca, patrona de los escritores españoles, alcaldesa honorífica de la Villa de Alba de Tormes y Doctora de la Iglesia. No nació una santa… se hizo santa.

domingo, 7 de octubre de 2007

Insultar a falta de deberes


Beatriz, colega de profesión y docente de secundaria, me llamó indignada. El episodio vivido a los pocos días de iniciarse las clases la tenía atormentada. Ella es tutora de 3º de secundaria, y además de sus clases de matemáticas, procura que sus alumnos trabajen y rindan al máximo de sus posibilidades.

A las pocas clases dadas ya empezó a advertir que algunos descuidaban con frecuencia el estudio y la realización de deberes. Al principio pensó que las advertencias serían suficientes para hacerles reaccionar. Algunos de ellos así lo hicieron, aunque con otros persistía la pachorra ante el trabajo escolar. El siguiente paso fue avisar a los padres a través de un comunicado. La mayoría trajeron la nota firmada, unos pocos no la habían enseñado en casa. Beatriz, consciente de la importancia de la comunicación con la familia, adoptó la decisión de llamar directamente a los padres de los que no tenían la nota firmada. Entonces se produjo el episodio. Uno de los chicos la increpó para que no llamara a casa. La profesora no cedió, y ante su insistencia, el desahogo del alumno fue atacarla verbalmente: “¡Puta profesora de mierda!”.

Encontrarse ante tal escena, para un docente, no es nada agradable. Más cuando ésta se produce en público y ante el resto del alumnado. Entonces se produce una especie de pulso en el que hay que hacer valer la autoridad del profesor. Y siempre, en estos casos, sin perder los estribos ni la compostura. Con serenidad y aplomo, hay que actuar reconduciendo la situación del modo más adecuado.

Tal como se presenta el panorama educativo, podemos preguntarnos: ¿Y cuál es el modo de resolver un conflicto? Antes de llegar a una conclusión, conozcan cómo se desenvolvió el caso que nos ocupa. La profesora, como está previsto en estos casos, informó al Jefe de Estudios para que tomara las medidas oportunas. Entonces ya se planteó el primer problema: “¿Pero qué le has hecho para que te insultara de esta forma?”. Pregunta sin malicia, pero que deja entrever una desconfianza hacia la noble actuación de la docente. Siguiente paso: preguntar al resto de la clase que presenció el hecho. Ante el sondeo del Jefe de estudios, respuestas de todo tipo por parte de los estudiantes: “Es que le tiene manía”, “Es que tampoco hay porque llamar a los padres” “Es que nos exige que trabajemos mucho” “Es que no había tiempo para hacer tantos deberes, y claro, por eso no los hicimos…”. Y así, entre tanto es que y tanta falsa excusa, la profesora se estaba convirtiendo en la mala de la película.

Insistiendo Beatriz en que había que tomar algún tipo de medida disciplinaria, razonando que su autoridad sino se vería mermada, se formó una especie de comité de convivencia para resolver la situación. Es decir, un grupo de chicos de la clase debían valorar si existía algún grado de culpabilidad por parte de quien había insultado. Tras varias entrevistas y reuniones, la conclusión final no tardó en llegar: Es que el chico no está motivado con las matemáticas, y claro, por eso no trabaja.

¡Claro! ¡Como no está motivado le da derecho a llamar puta a su profesora cuando le pide los deberes! Lo más grotesco vino con la entrevista del Jefe de estudios con la docente afectada. En más de media hora intentó hacerle ver que debía ser más indulgente, procurar hacer sus clases más atractivas y huir de todo aquello que la enfrente con sus alumnos. Conclusión: el chico se merece otra oportunidad, tienes que hablar con él y animarle positivamente para que trabaje.

De víctima a culpable, así es como se la hacía sentir a Beatriz, y así es como se les trata a muchos otros colegas del mundo docente. Si tu alumno no trabaja, no le exijas tanto. Si no presenta los deberes, sé más comprensivo. Si tu asignatura no la estudia, ingéniatelas para hacerla más atractiva. Y si llega un momento en el que te insulta, recógele rápido y pídele perdón por haberle provocado su ira.

¡Y cuidadín! ¡Ni se te ocurra mirarle con mala cara! No sea que se te presente el inspector y te sancione por tu falta de profesionalidad.

domingo, 30 de septiembre de 2007

En casa ayudamos todos


Esto no es una pensión

“Antes nunca se negaba a nada, y ahora… a penas se le puede decir algo”. Así se lamentaba Natalia de su hijo Jorge. Ahora que empieza a hacerse mayor, cada vez va más a su “rollo”. Y aunque en casa hay trabajo para todos, él se resiste a colaborar en nada. “¡Esto no es una pensión!”, suelen decirle sus padres, pero a él a penas parece afectarle este tipo de comentarios.

Ayudar en casa

La participación de los hijos en las tareas del hogar, no es sólo un deber de cada miembro, sino también debe entenderse como un derecho. Cuando esta participación se favorece desde que los hijos son pequeños, además de ser vínculo de unión para toda la familia, ayuda a desarrollar la responsabilidad personal.

Entendamos la familia como un equipo, en el que los padres son quienes deben dirigirlo. Hay que implicar a todos los miembros, cada uno en el ámbito que se le atribuya. Da igual si lo que hacen los hijos sale mejor o peor. No es tan importante el esfuerzo que ahorran a sus padres, sino la mejora personal que consiguen a través de los pequeños encargos que se les asignen. Por eso es muy importante proponer los encargos de tal modo que se hagan en un ambiente de alegría, no viéndolos como una carga, sino un modo de entregarse gustosamente a los demás.

Cuando Jorge era pequeño, ayudaba en casa como el que más. El problema ha empezado a medida que ha ido haciéndose mayor. Poco a poco ha ido desvinculándose de la marcha del hogar, y por si fuera poco, se queja cuando las cosas no las encuentra a su gusto. Y es que ahora que se siente mayor, lo de ayudar en casa lo ve como una imposición, una terrible traba que le quita tiempo de dedicación poder hacer aquello que a él le apetezca. Sus padres ya casi no le insisten, pues así evitan las discusiones. De esta forma, Jorge siente que ha ganado esta batalla.

Implicar a los hijos

Muchas veces, los adolescentes no es que no quieran ayudar en casa, pues contrariamente les encanta que se cuente con ellos. Por eso hay que buscar la forma adecuada para ganárselos. Cuando se les da una determinada responsabilidad, les produce un sentimiento de importancia. Ellos lo están esperando, aunque se oculten bajo el disfraz del pasotismo y la indiferencia.

Esto es lo que siente Jorge, aunque no se atreve a decírselo a sus padres. Se le pide que haga determinadas tareas, pero luego no se cuenta con él para determinadas decisiones. Él quiere tener su voz y voto, decir la suya, y que se le escuche y considere como mayor que empieza a ser. Sin duda alguna, contar con su opinión para algunas decisiones, será la mejor forma de pedirle luego que colabore en distintas tareas.

Cierta familia me contaba un experimento que le está dando muy buen resultado: reunirse todos juntos una vez a la semana, para tratar y opinar sobre la marcha del hogar. A los hijos mayores, a partir de cierta edad, se les otorga el derecho a opinar sobre decisiones de mayor importancia (si hay que hacer determinada compra importante, o una reforma en la casa, etc…). En esta reunión, además, se revisa la marcha de los encargos que cada uno tiene asignado, y se procuran los cambios necesarios para que cada uno se sienta cómodo en la realización de su tarea.

Ideas para trabajar en familia

La clave del éxito con Jorge será hacerle ver que se cuenta con él, y que sus opiniones e ideas son consideradas. Además, le agradará especialmente la idea de ayudar a sus padres en el cuidado de sus hermanos más pequeños.

Animar a un hijo que ayude en casa, no es un asunto tan complicado. Todo lo contrario. Si desde pequeño le acostumbramos, cuando sea mayor será más fácil poderle exigir. Tareas como abrir y cerrar persianas, preparar la lista de la compra, realizar pequeños arreglos, ordenar la despensa, tender la ropa, contestar al teléfono… ¡no tengamos miedo a implicar a nuestros hijos en la buena marcha del hogar! Cuando sean mayores, seguro que nos lo valorarán.

domingo, 16 de septiembre de 2007

La tragedia de empezar el cole


Se acabaron las vacaciones

“Toi depre, k royo el coleeee”. Al conectarse al messenger, Bea eligió este nuevo nik. Estas primeras semanas de septiembre se siente, como ella dice, muy depre. Lo de empezar el colegio se le está convirtiendo en una tragedia. Se pasa las horas hablando con sus amigas y amigos -algunos los ha conocido este verano- a través del chat y del teléfono. Aunque su padre insiste que éste será un año muy importante, ella no está nada motivada.

Las notas finales de junio pasado fueron justas, pero aprobó todas las asignaturas. Por eso desde entonces no ha vuelto a abrir un solo libro. Ahora que está a punto de empezar un nuevo curso, está decidida a tomárselo con mucha calma, aprovechar el máximo tiempo para salir con sus amigas y amigos, pensando que ya llegará el momento de “ponerse las pilas”.

Al igual que Bea, son muchos los adolescentes que estos días están con la “depre post-vacacional”. Aunque parezca una chiquillada, vale la pena ayudarles de la manera más educativa y conveniente para empezar con buen pie las clases.

El eterno engaño ante el estudio

“Tranquilos papás, que aprobaré”. Ésta acaba siendo la comidilla que repiten los hijos a lo largo de toda una evaluación. Los padres quieren ver buenos resultados, y se preocupan cuando los hijos no dedican horas al estudio. Los hijos, llenos de confianza en sí mismos, retrasan sus tareas pensando que ya llegará el momento de ponerse a estudiar. Al final acaba produciéndose una situación tensa, un tira y afloja entre unos y otros.

Ahora que estamos al inicio de un nuevo curso escolar, ya tenemos la experiencia de otros anteriores, por lo que vale la pena poner los medios adecuados para que las cosas salgan bien.

Un plan para Bea

Los padres de Bea saben que no basta con ir recordando las cosas, sino que es necesario actuar. Así que este año cambiarán el sistema: han pensado en una estrategia.

Será clave pactar un sencillo horario para las tardes que habrá que respetar, en la medida de lo posible, a lo largo del curso. Pero no van a hacerlo ellos, sino que será Bea quien sugerirá cómo podría establecerse. En este horario habrá que ver qué tiempo se dedicará en la realización de los deberes y estudio, incluir un rato de lectura de libros amenos, dedicar un tiempo a algún encargo del hogar (preparar la mesa para la cena, recogerla, etc.)…

Una vez haya comenzado el colegio, estar pendientes de su hija, dejar que explique sus cosas, qué le han parecido sus profesoras, si encuentra alguna dificultad en alguna materia, dejar que hable de sus compañeras… Estableciendo este clima de confianza se podrán percibir problemas que vayan surgiendo, y resultará más fácil prestar ayuda para que los vaya superando.

Recordar que, en la constancia y el día a día, se logran los buenos resultados. Trabajar diariamente, de manera sistematizada, y ordenada.

Es verdad: lo arduo no apetece. Y para muchos jóvenes la vuelta al colegio es un esfuerzo arduo y complicado. Está en nuestras manos conseguir que, realmente, este pueda ser un gran año.

domingo, 2 de septiembre de 2007

Cuando el reloj se nos para


Debilidad y fatiga. Desmotivación. Desidia y hastío. Carencia de sueño. Falta de apetito. Dolores musculares. Estados de ánimo llenos de tristeza e irritabilidad. Imposibilidad de concentrarse. No hace falta darle más vueltas… porque uno ya se lo veía venir. Se acabaron las vacaciones. Y como cada año, la visita del síndrome post-vacacional vuelve a llamar a la puerta.

En estos últimos años se le está dando mucha importancia al síndrome post-vacacional, porque cada vez son más los que se sienten aquejados por este mal. No es que antes no existiera, sino que era algo desconocido, y no estaba tipificado como un problema. También es cierto que la actual vida moderna nos obliga a llevar un ritmo tan acelerado y competitivo, que provoca que un gran número de personas, cuando rompen con la rutina, sienten desidia de volver al trabajo. Algunos expertos ya se atreven a calificar este síndrome de enfermedad.

El síndrome post-vacacional, de forma habitual, suele presentarse en aquellas personas menores de 40-45 años, o en aquellas que experimentan una ruptura muy brusca del ritmo vacacional a la incorporación al trabajo. También aquellos que idealizan el periodo de vacaciones como si éste fuera la culminación de su bienestar personal, acaban padeciendo este mal. Está calculado que alrededor del 35% de los trabajadores españoles lo sufren.

Al tratar este tema, el doctor Francisco Javier Lavilla, especialista de nefrología de la Clínica Universitaria de Navarra, afirma: “Toda nuestra actividad está de acuerdo con una especie de reloj interno que marca el estado en que nuestro organismo se encuentra. Además, como toda persona, necesitamos una serie de motivaciones que nos impulsen a seguir adelante a lo largo de nuestra vida”.

Durante las vacaciones buscamos el descanso, romper con el trabajo y huir de las preocupaciones. Si de forma habitual pesa más en la balanza el trabajo, durante este período lo que se prolonga es el descanso. Muchas veces, durante esta época, alteramos el ritmo de vida, alargamos la noche con actividad intensa, retrasamos la hora de levantarnos, y desplazamos las horas de las comidas. Es entonces cuando, al llegar el momento de incorporarse a la vida ordinaria, nuestro organismo se resiente. El acoplarse de forma rápida al nuevo cambio viene acompañado por la falta de motivación, y la descoordinación entre las exigencias de la rutina y lo que nosotros podemos ofrecer.

Está claro que, como dice el dicho popular, más vale prevenir que curar. Es por ello que la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria recomienda, a modo de prevención, tener una actitud positiva para adaptarse poco a poco al cambio de vida tras las vacaciones, evitando la ansiedad propia de volver a la rutina habitual.

Hay especialistas que recomiendan tácticas para combatir el síndrome. Algunos señalan la práctica de técnicas de relajación en casa, recordar buenos momentos de las vacaciones como fuente de energía para enfrentarse a los problemas, buscar motivaciones profesionales, emplear el sentido del humor y fomentar la comunicación con los compañeros.

A pesar de todo ello, no nos engañemos: muchos se pasan la mitad del año deseando las vacaciones, y la otra mitad lamentándose que se hayan acabado.

Si incluso poniendo los medios la amargura aún persiste, siempre queda un brote de esperanza al pensar que los días navideños tampoco quedan tan lejanos. Eso sí, confiando que los días festivos no coincidan en fines de semana…

domingo, 26 de agosto de 2007

El remedio de castrar


Carlos Broschi, más conocido como Farinelli, fue castrado como otros muchos de su época. Aunque en el siglo XVIII esta práctica estaba penalizada, bajo la excusa de razones médicas muchas familias la ejercían con sus hijos con el convencimiento de que alcanzarían ser grandes cantantes. Farinelli lo fue. Johann Joachim Quantz escribió de él que tenía una voz de soprano penetrante, completa, rica y bien modulada. Quizás por ello pronto alcanzó éxito y fama creciente. A España vino con la intención de quedarse unos meses, y acabó viviendo 25 años, por la influencia que había ejercido sobre el rey Felipe V. Durante años, noche tras noche, se le pedía que cantara para el rey. A cambio el monarca le concedió un cargo de primer ministro. Con Fernando VI fue nombrado director de los teatros de Madrid y Aranjuez, y durante esta época se le otorgó el rango de caballero y se le condecoró con la cruz de Calatrava. Con el ascenso de Carlos III el artista se retiró a Bolonia donde pasó el resto de sus días.

Farinelli forma parte de una larga lista de eunucos famosos de la historia. Entre ellos se encuentran Bagoas (a quien se le relaciona con Alejandro Magno), Ganímedes (que estaba al servicio de Cleopatra), Narsés (general de Justiniano I), Ts’ai Lun (consejero imperial chino de la dinastía Han), etc…

Eunuco, pues, es el término con el que se designa al hombre castrado. Históricamente, al eunuco no se le consideraba ni hombre ni mujer, y entraba a formar parte de un nuevo género. De esta forma estaba destinado a realizar tareas especiales por su condición. El miedo ante la posibilidad de perder la propia sexualidad fue motivo de estudio para Sigmund Freud. El psicoanalista denominaba complejo de castración al descubrimiento masculino y femenino del sexo opuesto.

La posibilidad de convertirse en eunuco podía venir de distintas causas: heridas de guerra, enfermedades, accidentes,… Se cuenta que en la Grecia antigua existía un pueblo llamado Amazonas, que estaba dominado por mujeres, y según la leyenda mutilaban a los hombres cuando no los necesitaban para la reproducción. Por otra parte, en imperios antiguos como el babilónico, chino, árabe, turco y bizantino era costumbre la práctica de convertir a hombres en eunucos, a quienes se les encomendaban tareas específicas, como el cuidado de las mujeres del harén.

En China los eunucos trabajaban en el Palacio Imperial, logrando alcanzar una vida acomodada. Muchos de ellos eran delincuentes a quienes se les sancionaba con la castración. Dado que la condición de eunuco comportaba una holgura económica, hubo quienes procedían a la automutilación para lograr acceder al trabajo en palacio.

Otras costumbres curiosas son como la de los pueblos afars y los issas, en el oriente africano. Cuando un varón quería acceder al enlace con una hembra, debía demostrar primero su valor entregándole como regalo los genitales de otro hombre a quien previamente había mutilado. Si no lo conseguía era burlado con frases que ponían en entredicho su masculinidad.

Hasta hace unas décadas los eunucos también estaban en Rusia, y actualmente los hay en la India conocidos con el nombre de hijras.

Año 2007. Nicolás Sarkozy defiende la castración química para algunos delincuentes sexuales. En Cataluña la Consejera de Salud Marina Geli se plantea la aplicación de esta práctica para casos determinados. La discusión no ha tardado en llegar, con votos a favor y otros en contra. La Asociación Española de Profesionales de la Sexología (AEPS) ha comunicado que la castración química es ineficaz, y ha advertido que “el impulso violento se mantiene pese a la disminución de la testosterona”. Más aún. Iván Rotella, sexólogo y portavoz de la asociación, ha alertado que “la sensación de incapacidad que experimenta un pederasta tras haberle practicado la castración química los vuelve más violentos”.

El jurista Gustavo López Muñoz y Larraz, miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, ha recordado que el método ya se aplica en Estados Unidos desde hace tiempo, y con resultados positivos, pero que su aplicación en España tendría que ir precedida de modificaciones legislativas.

Ya veremos cómo terminará este asunto. De todas formas, en el supuesto que se acabara aceptando este tipo de condena, seamos conscientes que nos veremos envueltos de un resurgimiento de castratis. ¿Qué será de ellos? ¿Se les asignarán funciones específicas como en otras fases de la historia? ¿Llenarán los espectáculos de ópera del Liceo? ¿Serán quiénes acabarán cuidando de las damas de la Zarzuela? ¿Serán elevados al rango de funcionarios para acometer tareas especiales en la Moncloa? El debate está servido.

jueves, 23 de agosto de 2007

Jóvenes solidarios

Abrir el buzón y encontrarse una carta de alguien que te escribe es algo prácticamente inusual. Con las nuevas tecnologías, y en especial el gran uso dado a los e-mails, escribir una carta es una práctica ya casi extinguida. Sin embargo, hace unos días, recibí la que Álvaro me envió. Y me dio mucho que pensar. Copio una parte: “Estas semanas de vacaciones he estado colaborando como voluntario en un centro de atención a drogadictos y enfermos de sida. He visto dolor, desesperanza, abandono e incomprensión. He cambiado pañales, les he duchado, les he dado de comer… Al principio me costó, pero al cabo de unos días me di cuenta que estaba haciendo algo grande de lo que nunca me hubiera visto capaz de hacer. Ahora que ya terminé mi trabajo, he de decir que les echo de menos”.

Como Álvaro, son muchos los jóvenes de hoy en día que se alienan en causas ajenas. Ahora, ante el dolor, ya no queda la palabra, como decía Blas de Otero. Eso es poco. Los jóvenes no sólo hablan, sino que también actúan. La solidaridad ha adquirido una trascendencia evidente en la sociedad actual. No hay duda que es una palabra positiva que transmite el interés por el bien de los demás. Engancha con facilidad a miles de jóvenes, tiene garra, y les encandila. Saben que con ella, prestan un gran servicio a la sociedad, a través de causas que no les pertenecen, pero que desde el momento en que se adhieren las adoptan como algo propio.

La globalización tendrá sus más y sus menos, pero es parte responsable de este sentimiento de apoyo y defensa hacia los más necesitados. Los niños muriéndose de hambre en países del tercer mundo, el terremoto que ha afectado a miles de personas en Perú, la guerra en el Medio Oriente… son hechos que ya no quedan lejanos. Acaban convirtiéndose en realidades tan cercanas a nosotros que, fácilmente, despiertan el interés de prestar ayuda.

El ser humano no vive aislado, estamos unidos aunque muchas veces no seamos conscientes de esta unidad de la que formamos parte. Entonces, cuando nace la solidaridad, la conciencia se despierta y brota la necesidad de hacerse visible en medio del sacrificio y del dolor ajeno. La verdadera solidaridad surge de la igualdad radical que une a todos los hombres. Y esta igualdad se deriva de modo directo de la verdadera dignidad del ser humano, sin que importe la raza, el sexo, la cultura ni el pensamiento político.

Aunque a veces se ha pretendido acuñar el término a otros tipos de ayuda, como la relación entre un ser humano y un animal, o con su entorno ecológico, el verdadero principio y fin de la solidaridad es, y será siempre, el ser humano.

En estos términos, la juventud actual ha sido capaz de descubrir este mensaje. Ha sido capaz de averiguar qué significa dar sin recibir nada a cambio, en ayudar sin que nadie se entere. Éste ha sido, quizás, uno de los grandes logros conseguidos: entregarse a una causa, siendo al mismo tiempo totalmente desinteresados.

Si el egoísmo es aislamiento, la solidaridad es unión. Merece la pena aprovechar esta oleada que ha irrumpido en la sociedad. Entendiendo que, en primer lugar, la solidaridad debe ejercerse en la propia familia, para dar paso posteriormente a la entrega a los demás. A veces causa dolor ver a quienes se entregan con pasión a causas externas mientras se olvidan de aquellos que les rodean.

Potenciemos y animemos las acciones solidarias. ¡Chapeau por los que han sido, son o serán jóvenes solidarios!

miércoles, 15 de agosto de 2007

El placer de comer

Hoy en día el exceso de peso se ha convertido en uno de los grandes problemas de los países desarrollados. Según los datos facilitados por la OMS, en todo el planeta hay 1.600 millones de personas que sufren sobrepeso, y la totalidad de los obesos asciende a 400 millones. Por otra parte Markos Kyprianou, comisario europeo de Salud Pública, hace unos meses aportaba el dato que alrededor de 14 millones de niños sufren obesidad.

Recientemente acaba de publicarse el resultado de un estudio realizado por un grupo de investigadores de la Universidad de Cambridge. El 10 de agosto se publicaba en la revista Science. Se ha descubierto que una hormona llamada leptina es la que se encarga de informar a nuestro cerebro cuándo estamos saciados y regula la atracción que sentimos hacia los alimentos que se presentan más apetitosos ante nuestros sentidos.

El doctor Sadaf Farooqui, que es quien firma el artículo, afirma: “Esta comprensión será un gran paso en la prevención y el tratamiento de la obesidad. Descubrir que el placer por la comida está biológicamente controlado, debe ayudar a entender mejor a las personas con problemas de peso”.

Y a todo esto… ¿qué opinamos los españoles? Según las encuestas nos situamos entre los europeos más satisfechos con su dieta, pues nueve de cada diez españoles encuestados consideran que su alimentación es bastante buena. Teniendo en cuenta esta consideración, podríamos preguntarnos si los españoles somos unos ingenuos, o bien será que la obesidad es un problema que no nos afecta.

En todo caso, sin despreciar los avances científicos que sin duda alguna gozan de toda rigurosidad, cabe mencionar dos factores que a veces se tienen olvidados cuando se habla de estos temas: la voluntad y los buenos hábitos alimentarios. El problema de la obesidad no es algo nuevo, pero es ahora cuando empieza a ser un tema que preocupa más, por el incremento de aquellos que la sufren. Y sin embargo, la leptina es una hormona que siempre ha existido en el ser humano (a pesar de ser un descubrimiento reciente).

Por mi tarea docente he tenido oportunidad de convivir en diversas ocasiones con alumnos, en albergues o casas de colonias. Basta con observarles para darse uno cuenta de la falta de voluntad y los malos hábitos que existen en muchos de ellos: cuando los platos aún no están servidos en la mesa muchos de ellos ya se han untado varias rebanadas de pan con aceite y sal, el ketchup suele ser la guarnición más requerida para acompañar a todo tipo de comidas, la verdura ni tocarla, ante el pescado suelen acompañar expresiones faciales que transmiten asquerosidad, si hay pollo con patatas éstas desaparecen del plato mientras la carne queda interminablemente en espera, los bollos de chocolate de la merienda desaparecen sin darse uno cuenta mientras que cuando toca bocata de jamón siempre se puede repetir, en el desayuno el embutido apenas se toca y sin embargo las galletas van que vuelan. Y por supuesto, a cualquier hora, siempre hay alguno comiendo chuches aprovisionadas oportunamente.

Luego vienen los 14 millones de niños que sufren obesidad, que a pesar de la satisfacción de los españoles algún millón nos debe caer, y nos preguntamos ¿quién tendrá la culpa?

¿Es el ketchup? ¿Son las patatas? ¿La tendrá el bollycao? ¿La culpa recae sobre la escuela que no enseña oportunamente a comer?

Es verdad que la escuela debe enseñar a comer. Pero el propio hogar es el lugar más idóneo para educar este buen hábito. Los padres deberíamos responsabilizarnos, de modo directo, de educar a nuestros hijos en que aprendan a refrenar ciertos caprichos, a equilibrar las raciones, a no desechar los platos…

Claro que siempre es más cómodo dar unos euros para comprar un dulce que preparar el bocadillo de la merienda, pero en la comodidad no reside la virtud. Y comer bien, para la mayoría de nuestros jóvenes, ya casi se ha convertido en una virtud. Pues bienaventurados sean los virtuosos, ya que seguro que su cuerpo se lo agradecerá.

domingo, 5 de agosto de 2007

Vacaciones en colonias

El pasado 1 de agosto 45.000 jóvenes de todo el mundo se reunían en Brownsea para conmemorar los 100 años de la fundación de los scouts. El padre de este fenómeno mundial fue Robert Baden-Powell (1857-1941), militar británico que además ejerció de actor, músico, pintor y escultor. Tras participar en varias campañas en África, resumió sus experiencias en un manual de supervivencia: Guía para explorar, dando de este modo inicio al primer campamento experimental de scouts que contó por entonces con 24 muchachos.

Han pasado algunos años desde ese primer campamento, pero aún se mantiene vivo el espíritu que imperaba por entonces, basado principalmente en los pilares de la lealtad, disciplina, eficiencia y obediencia. “Hay muchos mitos sobre los scouts: a veces nos presentan como gente friqui y otras como una especie de militares que hacen supervivencia en el monte. Ni una cosa ni la otra. La gente no acaba de entender que no somos sólo gente que se va cada verano de acampada, hacemos un trabajo educativo serio”, afirmaba el comisario internacional de la Federación Española de Scouts.

Algo parecidas son las colonias que cada verano se organizan y a las que muchos padres mandan a sus hijos. Cada verano ayuntamientos, centros infantiles y juveniles de todo tipo, organizan una amplia oferta que aunque varía en algunas de sus actividades los objetivos suelen ser similares.

No pongo en duda que el verano es una magnífica oportunidad para estar en familia, estrechar los vínculos, disfrutar padres e hijos y acabar con pequeñas aristas que han podido formarse en la convivencia diaria de todo un año. Sin embargo, las colonias y campamentos, pueden ser una gran ocasión para que los hijos aprendan ciertos hábitos y costumbres que en casa muchos padres están hartos de luchar.

Hay niños poco acostumbrados a salir de casa, que no quieren ni oír la idea de pasar unos días fuera de casa, probablemente a ellos sea a quienes más les convenga. Otras veces son los padres quienes, ante la indecisión y la falta de impulso, no se deciden a que sus hijos salgan unos días fuera. De temores podemos imaginar de todo tipo: “¿Pillará piojos? ¿Comerá bien? ¿Se cambiará de ropa? ¿Hará amigos? ¿Nos echará en falta por las noches? ¿Y si se hace daño?...”. Lo mejor en estos casos es despejar todo tipo de dudas y pensar que lo más probable es que a la vuelta, el niño vendrá satisfecho después de haber disfrutado y lo que es mejor, aprendido en unos días lo que en casa no se había conseguido. A veces harían falta cursillos de fortaleza moral para padres donde quede claro que sus retoños tampoco se merecen tanta pena ni añoranza.

Habitualmente cuando los hijos no llaman es porque están disfrutando con la actividad que realizan. Los primeros días, y sobre todo cuando son las primeras colonias, es normal que pueda producirse una cierta adaptación que conlleve la añoranza. Ceder ante esta situación, sin dar la oportunidad a que se produzca un proceso de adaptación, sería un grave error. Los padres deben facilitar que su hijo se espabile, y que poco a poco se vaya acostumbrando a las actividades que realiza. Será por eso que algunos progenitores creen que las mejores colonias son aquellas en donde no existe móvil ni teléfono de contacto directo con su hijo.

Visto desde otra perspectiva, unos días sin hijos también pueden ser aprovechados para intimar más la pareja, reavivando el amor, y realizar ciertas actividades en común que no siempre son compatibles con las obligaciones familiares. Porque no nos engañemos, de vez en cuando los padres también se merecen un descanso.

Lealtad, disciplina y obediencia… valores que no siempre están en alza. Si es fuera de casa donde van a “pelearse” con los hijos para que avancen en ello, qué mejor ocasión para aprovecharlo. Luego, cuando vuelvan, será cuestión de sacar el máximo provecho a lo que hayan aprendido intentando que no se pierda.

domingo, 29 de julio de 2007

El móvil... ¿necesidad o divertimento?

Es un hecho que la telefonía móvil ha adelantado a la fija en número de usuarios. Ya son más de 1.500 millones de personas las que la utilizan; y para finales de 2009 se prevé un total de 2.500 millones. Estas cifras se incrementan gracias al crecimiento de su uso, en especial, de tres grandes países demográficos: Brasil, India y China. La telefonía móvil es mucho más cómoda, práctica y ofrece servicios de bajo coste. Realmente tener un móvil es algo apetecible, a la vez que muy accesible para cualquiera. Y no solamente eso, sino que además, fuera de ser un utensilio práctico y útil, su uso puede desencadenar una cierta dependencia y esclavitud.

La consultora TNT, a través de un estudio sobre el uso del móvil, sacó a relucir un dato que produce algo más que sorpresa: el 64% de los usuarios no saben lo que pagan por un minuto. Es de suponer que si se desconoce lo que se paga por una llamada se acabará haciendo un uso desmedido. A la hora de pagar la factura, claramente vendrán los lamentos, pero no faltarán las falsas justificaciones quejosas sobre los altos precios de las tarifas. En estos casos, sería mucho más sencillo reconocer que la razón real del coste está en el alto consumo, y no en lo que cuestan.

“Cariño, ya estoy llegando”. “¿Ah sí? ¿Cuánto tiempo te queda?” “Menos de un minuto”. Si realmente el tiempo de llegada va a ser en menos de un minuto, probablemente sería más práctico evitar la llamada y dirigirse directamente a la puerta. El fácil uso del móvil nos lleva a realizar, en algunas ocasiones, llamadas innecesarias que, una tras otra, la suma de ellas alcanza un notable coste.

Otro caso es el de los jóvenes adolescentes. En un inicio, los padres permiten a sus hijos el teléfono móvil con la tranquilidad de poderlos tener más controlados. Incluso hay veces en las que su uso queda muy restringido y para ocasiones determinadas. Poco a poco el adolescente va conquistando terreno a sus padres, y de esta forma acaba adquiriendo un dominio total de su teléfono. Cuando en un principio éste debiera servir para casos de emergencia, acaba siendo la herramienta predilecta para llenar largas conversaciones insulsas, mensajes burdos o para pasar un buen rato jugando a la serpiente. Muchas veces me he encontrado con padres que, al recibir las notas de sus hijos, les han prohibido el uso del móvil. Esta actitud me llama la atención. Si su hijo dispone de móvil porque realmente es algo necesario, no tiene ningún sentido privarle de su uso (como tampoco lo sería prohibirle comer por el hecho de suspender). En caso contrario, cabe reconocer que esta necesidad no es tan real, y quizás se aproxime más a la satisfacción de un capricho personal del hijo.

Un 15,7% de usuarios disponen de más de un teléfono móvil. En algunos casos es debido a una justificada necesidad, y los hay para quienes este hecho es una manera de distinguirse. Mariela Mociulsky, que es la directora de Consumer Trens, afirma al respecto: “Es una cuestión de etiqueta social y laboral: ya no queda bien decir que no tienes móvil o negarte a dar el número cuando te lo piden. Por eso hay mucha gente que opta por tener dos números. Uno se lo dan a todo el mundo y el otro es más reservado”. Cabe decir que hay países, como Argentina, donde tener más de uno resulta más barato.

Que el móvil tiene un uso para el ocio es algo incuestionable. Incluso en este hecho existe una distinción de sexos. Los chicos representan el 58% de las personas que descargan juegos, mientras que el 70% de las personas que descargan melodías son mujeres menores de 35 años.

Está claro que desde que en 1990 la telefonía móvil irrumpía en España las cosas han cambiado de forma considerable. Ahora ya no sólo llamamos con el móvil, sino que jugamos, escuchamos música, grabamos, hacemos vídeos, fotografiamos… No está de más que nuestros jóvenes aprendan a hacer un uso correcto de este aparato. ¿Habrá en un futuro una asignatura que podría llamarse “Educación para el móvil” en nuestro sistema educativo español?

viernes, 27 de julio de 2007

Solicitud de vacaciones

Me encontré el chiste por pura casualidad, intentando pasar el rato con algo qué leer. “¿Qué tal las vacaciones?”, le pregunta un chaval a su amigo, a lo que éste le contesta: “Pues mal, mis padres me han puesto tantas actividades que ya tengo ganas de empezar el colegio” (Jordi Lavanda). Además de una sonrisa, el tema se merece una buena reflexión, pues el tema de fondo que se encuentra tras lo que puede ser una simple viñeta cómica es la realidad que atraviesan muchos jóvenes durante este verano.

El Instituto de Creatividad e Innovaciones Educativas de la Universitat de Valencia acaba de elaborar un informe titulado: Estudio sobre hábitos de vida saludable. El informe ha dado a conocer diversas conclusiones, y entre otras una de ellas advierte que “uno de los resultados más sorprendentes del estudio tiene que ver con el estrés infantil; según los propios encuestados, uno de cada tres niños de entre dos y once años padece estrés, y la cifra supera incluso a la de los padres que se reconocen estresados”. El mal del siglo XX, sufrido por gran parte de la población, ya está pasando de ser algo propio de los adultos a un mal de nuestra juventud.

Enrique se ha trasladado al Japón hace unas semanas. En uno de sus e-mails, donde contaba sus primeras impresiones, destacaba el excesivo ritmo de trabajo que percibía entre la población. También es sorprendente lo que un colega de trabajo me contaba de Londres, donde llegó a ver a trabajadores que se llevaban el saco de dormir a la oficina para pasar la noche allí. La familia pasa ya a un segundo plano, donde el trabajo y las obligaciones profesionales ocupan un primer lugar, y luego ya viene todo lo demás. Ut operaretur fue creado el hombre, qué duda cabe, pero habrá que ver si ésta debe ser su única ambición.

El estudio elaborado por el Instituto de Creatividad hace hincapié en que muchos adultos no constituyen modelos de referencia deseables para sus hijos. Quizás alguno, al leer estas líneas, podrá preguntarse: “¿Ah sí? ¿Y quién trae el pan a casa?”. Porque es cierto que el nivel de competencia profesional exige cada vez más. Ya no basta llorar para mamar, sino que uno debe estar muy bien preparado y ser capaz de mostrar sus cualidades más destacables para ser alguien en la vida.

Podemos divagar y sacar todo tipo de conclusiones, pero lo que está claro es que algo nos está pasando. Y si queremos conciliar la vida familiar con la laboral, algo deberemos de cambiar. Hace un año el periódico gratuito Qué empezó una campaña entre sus lectores, sobre este tema, que obtuvo una respuesta masiva con todo tipo de ideas y sugerencias. Porque en el fondo, lo que quiere la mayor parte de la sociedad, es trabajar lo suficiente y vivir bien. Luego vienen las exigencias sociales que nos impiden hacer realidad este sueño, aunque a veces nos olvidamos que la sociedad no es un elemento abstracto, sino la suma de todos y cada uno de los individuos que la formamos. Pues si estamos de acuerdo… ¿por qué no empezar a cambiar las cosas?

Tiempo libre de los hijos lleno de todo tipo de actividades. Horas tempestivas de trabajo que atrapan a los padres. Padres que no conocen a sus hijos, e hijos que no saben de sus padres. Y luego, al final, acaba pasando que uno cuanto más gana más gasta, ¿realmente vale tanto esfuerzo invertido si al final se pierde la mejor inversión que es la de la propia familia?

El caso de Tomás es cierto como la vida misma. Yo mismo lo conocí en primera persona. Ganaba como nadie, tenía varios coches, una buena casa y todo tipo de lujos. Una esposa paciente y tres hijos pequeños que apenas le veían. Sus continuos viajes y reuniones hasta altas horas de la noche estaban haciendo de él un extraño en su propio hogar. Y llegó un día en que tuvo que decidir entre su trabajo y su familia. Decidió empezar de nuevo, vendió sus coches y su casa, abandonó el trabajo y se cambió de ciudad. Consiguió un trabajo más sencillo y además desde su propia casa. Cuando me lo contaba terminaba diciéndome: “No tengo tantos lujos ni gano tanto a final de mes, pero tengo algo que nadie me lo va a quitar: ahora disfruto de mi familia, antes no”.

La vida exige mucho y cuesta seguir su ritmo, pero a veces hace falta un poco de valentía para echar amarras y anclar en puerto seguro. ¿O a caso es más factible hundir el propio barco?

miércoles, 25 de julio de 2007

Volver a nacer

El título no va con sorna. Porque realmente, lo que sentí hace unos días, fue la sensación de volver a nacer. Lluvia intensa, carretera mojada, ruedas desgastadas… y cuatro vueltas de campana con el vehículo. Al final, a Dios gracias, todo ha quedado en una anécdota, con unos cuantos puntos en el brazo y algunas magulladuras. Además, he de confesarlo, he sido testigo de una gran lección llena de humanidad que no puedo resistirme a dejar constancia en este artículo.

Postrado en cama, convaleciente aún por los efectos del accidente, son varios los que vienen con la misma pregunta: “¿Qué pensaste? ¿Qué sentiste? ¿Viste el túnel de tu vida?”. No, no… nada de eso. Ya sé que muchos aseguran, habiendo estado al borde de la muerte, ver pasar ante sus ojos toda su vida en fracciones de segundo. Otros cuentan lo del túnel… “Pues yo vi un túnel oscuro con una luz al fondo…”. Pues a mi, ¡qué quieren que les diga! ni túnel ni película de mi vida… Eso sí, mientras contaba las vueltas de campana, un único pensamiento afloró de forma inmediata: “Dios mío, no me jodas, ¡coño!”. Ya sé que queda poco poético, pero para qué engañarnos, es la simple realidad.

Después de darme cuenta que mis oraciones –poco litúrgicas y algo soeces- han sido escuchadas con vehemencia, viene un intento de rectificar la intención. Un acto de contrición, o quizás un padrenuestro, o un miserere hubieran dado lugar a una mejor preparación espiritual ante una posible visita al más allá. De todas formas, a Dios le supliqué que no me jodiera, por lo que debió pensar: “A éste, no me lo llevo yo, que la fruta no está aún madura para ser cortada del árbol”. Pues es verdad que Dios sabe más, como siempre me han enseñado.

Aunque reconozco que no me gustaría pasar por lo mismo, no niego que algo ha valido la pena pasar por esto, a pesar de los pesares. Ante mi han ido desfilando un gran número de personas, que sin esperar nada a cambio y con una actitud discreta, se han convertido en los héroes de mi vida. Aquellos que pararon su coche y ofrecieron toda su ayuda, alguien –a quién probablemente nunca conoceré- llamó de inmediato la ambulancia, otro que te recoge del suelo y no se mueve de tu lado, otro que te ofrece su abrigo sabiendo que nunca más lo recuperará, alguno se para esperando poder hacer algo aunque no sabe qué hacer, etc… Y luego viene lo del hospital. Es verdad que se ha dicho y se ha escrito mucho contra la sanidad pública, pero he sido testigo del amor humano que te dan. Enfermeras sonrientes, doctores que casi te miman, camilleros complacientes… a ellos solamente puedo ofrecer palabras de agradecimiento. Porque en medio del tumulto, ente el griterío de la gente, a pesar de las prisas con las que hoy en día nos movemos, es verdad que existen verdaderos héroes que, sin salir en los periódicos y sin ningún reconocimiento especial, están dispuestos a darse a los demás.

¡Qué lección de humanidad! Puesto que ahora siento que vuelvo a nacer, de lo que sí estoy seguro es que me voy a replantear muchas cosas, fruto de lo que he visto con mis propios ojos. Trabajar con una sonrisa, haciendo el trabajo bien hecho viéndolo como un servicio a los demás; ayudar a quién lo necesite sin esperar nada a cambio, dedicar parte de mi tiempo a otros que puedan requerirlo. Y como no… valorar aquello que me rodea.

El tiempo se va, y contra él difícilmente se puede luchar. Ni siquiera los más poderosos son capaces de poseer su dominio. Y como tampoco sé de cuánto tiempo más voy a disponer, pienso saborear de cada instante de mi vida como si éste fuera mi última vez.

domingo, 8 de julio de 2007

Quien no lee, poco aprende

Berta es una chica tímida, pero que se siente plenamente feliz. Tras conocerse recientemente los resultados de selectividad, ha obtenido la mayor puntuación de Catalunya, con un 9,69. Ella quiere estudiar arquitectura, y entre otras aficiones alardea de una de ellas en todas sus entrevistas que se han publicado: le encanta leer. A sus padres les ha agradecido que desde muy pequeña le inculcaran el hábito lector, cuando le leían en voz alta cuentos infantiles.

Hace pocas semanas la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía ha publicado un informe que hace un diagnóstico del curso 2006-2007 sobre las competencias lingüísticas y matemáticas de los andaluces. Tras hacer un minucioso análisis de la realidad en la que se encuentran los estudiantes, reluce unos datos que no dejan de ser demoledores: el 50% de los que han cursado el tercer curso de secundaria no leen nunca, o casi nunca, periódicos, cuentos o novelas cortas. La situación de los que cursan quinto curso de primaria es que el 40% manifiesta leer una o dos veces por semana una revista, cuento, o novela corta.

El caso de los andaluces es perfectamente aplicable a toda la comunidad escolar española. Las letras no atraen a los escolares. Leer un libro, una revista, o escribir un breve texto ha pasado a ser una tarea ardua, difícil y detestada. Encontrarse ejemplos como el de Berta, en un aula, suele ser excepcional y casos muy reducidos.

Por otra parte uno descubre que la televisión, ante la que no hay que pensar ni requiere un especial esfuerzo, seduce enormemente a la población infantil. El 38% del alumnado con once años de edad ve una hora diaria de programación televisiva. Este hábito, a medida que se entra en la adolescencia, va en aumento. De este modo el 46% de los adolescentes confiesan ver una media de tres horas diarias. Es de suponer que en todo este tiempo dedicado no hay ningún tipo de selección de programas, y que ahí sentado frente a la pantalla uno se traga cualquier cosa que le echen.

No olvidemos que las cifras corresponden al periodo escolar, en el que existen exámenes y tareas diarias escolares. Ahora que estamos en verano, es de suponer que estos datos irán en aumento.

A todo esto, podemos preguntarnos ¿Y dónde están los padres? ¿Es posible que exista esta permisividad? Cuando vienen los malos resultados académicos, cuando se intuye un catastrófico final de curso y una más que probable repetición, vienen las prisas y las encerronas en el cuarto impidiendo moverse ante el libro. Más de una vez, como profesor, he recibido súplicas similares a: “Señor profesor, dígame usted… ¿qué piensa hacer para ayudar a mi pobre hijo este final de curso y salvarlo?”. A veces te dan ganas de contestar: “¿Y usted? ¿Qué ha estado haciendo durante todos estos meses?”.

Las conclusiones de la Junta andaluza deberían extenderse al resto del país: plantean la necesidad de fomentar la lectura y la escritura entre los escolares. Pero no solamente desde la asignatura de Lengua, sino que anima a todos los profesores que desde sus respectivas áreas lo hagan también. Llegando a más implicación todavía, del mismo modo están dispuestos a animar a las familias que colaboren y participen de este proyecto.

Ya en el siglo XVIII Rousseau calificaba la lectura como el azote de la juventud. El problema no es nada nuevo, ni propio de nuestros tiempos. Aunque entonces no había play ni televisión, seguramente debería haber otras satisfacciones alternativas a la lectura.

Ya da igual las continuas reformas legales a las que se están sometiendo nuestros alumnos, el número de horas que se dedicará a tal o cual asignatura… lo que sí está claro es lo que nos dicta el sentido común: conviene leer.

Ahora que estamos en vacaciones… ¡qué mejor momento para fomentar la lectura entre nuestros hijos! Si lo conseguimos será mucho más fácil, cuando empiece el curso escolar en septiembre, perpetuar el hábito lector. Y esta tarea hay que empezar a trabajarla desde casa, es un error pretender delegarla al colegio.

Ya Cervantes lo dijo: “El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”. ¿Vamos a dejar escapar esta oportunidad?

domingo, 1 de julio de 2007

Sexo y más sexo

Ramón García, consagrado presentador de televisión y todo un fuera de serie, ha estrenado recientemente un nuevo concurso televisivo. El reto que cuestiona el título del programa no deja de ser interesante. Quizás podremos descubrir que sí, que algunos niños de primaria saben más que ciertos adultos. Dejando a parte la cuestión planteada, de lo que sí estoy seguro es que las jóvenes generaciones de los tiempos que corren van muy por delante de nosotros. No solamente se distinguen en las costumbres que nosotros vivíamos a su misma edad, sino que además pierden más fácilmente la inocencia cuando se trata de cuestiones sexuales. Incluso hay padres que mientras van con el lirio en la mano, su hijo ya está de vuelta de todo. Y ahora que el verano ya está aquí, con más tiempo libre y menos ocupaciones que requieren un esfuerzo constante, habrá que andarse con cuidado si queremos dar una educación sexual que se base en el respeto hacia la otra persona.

La semana pasada se celebraba en Barcelona el 56 Congreso de la Sociedad Española de Pediatría. Aunque la noticia apenas ha aparecido en la prensa, no nos deberíamos quedar indiferentes ante algunas de las conclusiones que se han dado a conocer. Una de ellas revelaba la prematuridad de las relaciones sexuales de los chavales: parece ser que en un alto porcentaje de nuestros jóvenes la primera relación íntima se produce antes de los 15 años. Las estadísticas señalan alrededor del 30%.

Al hablar de sexo, se suele asociar la libertad personal con progreso, y la continencia como algo ligado a razonamientos dogmáticos de carácter religioso. Sin embargo, después de unas décadas donde el destape ha sido la vanguardia del libertinaje, en estudios recientes los expertos hacen balance del impacto de la presión sexual que se ha sometido a las jóvenes generaciones. Los resultados demuestran que no está resultando nada positivo.

Josep Cornellà i Canals, que es el responsable del programa Salud y Escuela de la Conselleria de la Generalitat de Catalunya en Girona, recordaba que desde un punto de vista orgánico, el cuerpo puede estar preparado para mantener relaciones sexuales, pero no así desde una perspectiva psicológica. El inicio precoz del sexo, según conclusiones de los expertos que participaron en el Congreso, puede acarrear problemas mentales o de otra índole.

De forma parecida testifican científicos de la Universidad de Minnesota, en un artículo publicado en la revista Journal of Sociology, constatando que aquellos adolescentes que comienzan prontamente sus relaciones sexuales padecen con facilidad síntomas depresivos, respecto a los que conservan la virginidad por más tiempo.

La Asociación Psicológica Americana ha publicado recientemente un informe titulado «Report of the APA Task Force on the Sexualization of Girls». Éste es el resultado de la investigación sobre el contenido y los efectos de los medios de comunicación en las niñas y jóvenes americanas, y concluye que existe una sexualización malsana que pone cada vez más en peligro a las chicas. La doctora Eileen Zurbriggen, profesora de psicología de la Universidad de California, ha afirmado que hay evidencias para concluir que la sexualización tiene efectos negativos en diversos campos, que incluyen el funcionamiento cognitivo, salud física y mental, y el desarrollo sexual sano.

The New York Times publicaba el curso pasado un estudio basado en un artículo publicado en la revista Pediatrics, que estudiaba el impacto de los medios en las actitudes y hábitos sexuales de los adolescentes. También los resultados venían a ser muy similares a los comentados anteriormente.

Puesto que con facilidad caemos en todo tipo de campañas de prevención, con el fin de mentalizarnos de los efectos secundarios que se derivan de determinados malos hábitos, no estaría de más comenzar a preocuparse de las consecuencias que se emanan del desorden sexual que se está impregnando en nuestra sociedad. Afortunadamente, los que nos alertan, no son señores vestidos con sotana, sino reputados miembros científicos con todo tipo de creencias.

Y mientras los resultados procuran hacernos ver que quizás va siendo hora de poner un poco de orden en materia sexual, en España ronda “El autobús del sexo” para que los jóvenes recuerden el uso del preservativo. Está claro que la continencia no vende ni genera dinero, pero no olvidemos que al igual que el algodón, no engaña.

domingo, 24 de junio de 2007

Una dosis de respeto

Sarkozy lo dijo, y lo va a hacer. En Francia quieren imponer el uso del usted en las aulas. El ejecutivo enviará circulares a todos los directores de los centros educativos anunciando la puesta en práctica de la nueva medida. Un hecho significativo es que la violencia escolar en las aulas francesas ha aumentado en los últimos años (un asunto que no es nada aislado). “Sólo la distancia entre alumnos y profesores puede llevar al respeto”, comentó el titular de Educación del Ejecutivo francés.

Para algunos esta medida puede sonar a trasnochada, recuerdos de un Florido Pensil que ya quedó en la memoria. Sin entrar ahora en el debate que se podría originar sobre el tema de la violencia en las aulas, sí es oportuno recordar cómo el respeto es un valor que hoy en día se echa de menos.

Si el hábito no hace el monje, el atuendo no conlleva automáticamente el respeto. Bajo caros trajes de etiqueta perfectamente conjuntados uno puede encontrarse con personas más que irrespetuosas y arrogantes. Y, por contra, uno puede convivir con seres que bajo una presencia estrafalaria saben ceder asiento a personas mayores, piden perdón si se equivocan y no les importa dar las gracias cuando éstas se merecen. Las apariencias engañan, y muchas veces, nos dejamos influir por ellas.

Respeto no es solamente decir usted. Conlleva todo un modo de ser, de comportarse, de andarse por la vida. Es aceptar y comprender cómo son los demás, tratando por igual a los individuos porque todos son igual de dignos por su propia condición de persona. Respeto es aceptar al engreído y al humilde, al pobre y al rico, al sabio y al ignorante.

Es saber estar a la altura de las circunstancias según el lugar y situación que uno ocupa. Y también reconocer la condición social, edad o gobierno de los demás, utilizando las distintas formas en el trato. Respeto es la defensa de las propias ideas y convicciones sin herir ni humillar al contrario. El respeto aguanta la libertad y la responsabilidad personal, sabiendo que existen límites para no caer en el libertinaje. Parafraseando a Heidegger podemos decir que: Respeto significa responsabilidad hacia uno mismo y esto a la vez significa ser libre. Pero sin olvidar que la palabra responsabilidad me lleva a responder por mis acciones.

Respeto es comprender, exigir, ceder cuando se deba y hablar cuando se trate de proteger una causa honesta. El respeto acompaña a la justicia y a la ecuanimidad; no admite el chantaje ni da pie a la imposición.

Es también la respuesta ante los compromisos adquiridos. No escurre el bulto y asume los deberes a los que uno se obliga. Al respeto le acompaña la honestidad, porque somos hombres y mujeres de palabra.

Respeto es el verdadero amor entre los esposos, que guarda y protege la fidelidad; el amor de una madre que educa con cariño a sus hijos; el valor que los hijos le dan a lo que sus padres hacen por ellos.

Respeto es la amistad que acompaña en los momentos difíciles. La ayuda hacia los más necesitados renunciando a la propia satisfacción. Valorar en su justa medida lo que uno tiene y recibir con sencillez aquello que uno se merece.

El respeto, a veces cuesta y otras incluso duele. Pero no se aprende gracias a una medida legislativa. La ley lo favorece pero no lo consigue. El respeto se aprende, se educa, se adquiere como por ósmosis. Y, desde el principio de nuestra vida, donde uno lo encuentra es en la propia familia, referente necesario para construir un mundo mejor.

domingo, 10 de junio de 2007

El placer de desbancar a la familia

“Es un placer desbancar aquella idea de que la familia la componen padre, madre e hijo”. Así se afirmó en la presentación del libro Retratos de familia: miradas a las familias españolas del siglo XXI. Un libro que ha costado la nada envidiable cantidad de 47.000 euros. Editado por la Dirección General de las Familias y la Infancia. Financiado por el Ministerio de Trabajos y Asuntos Sociales. Con textos literarios de autores de la talla de Rosa Regás, Espido Freire, Luisa Castro, Andrés TrapielloUn libro que se propone estudiar de forma gráfica las nuevas familias españolas, partiendo de la evolución y transformación acontecida en nuestro país en las últimas décadas del siglo XX (…)

El libro –que algún medio titulaba la noticia con En defensa de las familias del siglo XXI- recoge en más de cien fotografías los cambios experimentados por las familias españolas. Junto a las mal llamadas familias tradicionales (qué empeño en acuñar este nombre los del actual ejecutivo español) aparecen lesbianas, gays –con y sin hijos- hogares monoparentales, etc…

A cualquier situación y relación ya se la llama familia. Y claro está, el placer de poder desbancar a lo que hasta ahora creíamos que lo era, a algunos debe de producirles un orgasmo afectivo digno de ser estudiado por los psicólogos de mayor reputación. En este nuevo concepto de familia ya puede entrar de todo: el hombre que cultiva su bonsái, la viejecita con su gato mimosín, el vecino con su perro ladrador, el cibernauta pajotero erotizado con su webcam, el solitario con su tele y sofá, y múltiples casos que cualquier mente quiera imaginar. Un nuevo avance cultural en vistas del progreso social de nuestro Estado español.

Entiendo que cada cuál es libre de vivir como quiera y con quien quiera. Procuro comprender –me esfuerzo, aunque no lo consigo- a aquellos que aborrecen a la familia tradicional y practican la familiofobia. Respeto las convicciones ético-morales-religiosas con las que cada uno desee convivir. Pero me cuesta aceptar esta usurpación del nombre de familia (sin tradicional) aplicado a cualquier grado de convivencia. Se sale de la lógica y del sentido común.

Esta nueva pedagogía arrasa con la función que ejercen el padre y la madre con los hijos. Pretenden hacernos creer que el panorama social ha cambiado vendiéndonos la moto que padre, madre e hijos ya son una minoría en nuestro país. Y es verdad que la realidad social no es igual que la de hace unos años, pero el sentido común aún impera en gran parte de la sociedad, y aquello que llaman familia tradicional sigue siendo la apuesta de una mayoría (a pesar de los pesares del Sr. Estado).

Y mientras en España nos gastamos los euros –de todos los españoles- en publicaciones que rayan lo grotesco, obviamos el esfuerzo invertido en nuestros países vecinos. La Société Générale (sociedad francesa dedicada a servicios puramente financieros) también da a conocer sus estudios: Démographie Mondiale: les 1001 facettes d’un choc annoncé con sus respectivas conclusiones. La actual implosión demográfica que se está produciendo en Europa, las políticas antinatalistas respaldadas especialmente por algunos gobiernos, y la falta de ayudas económicas a jóvenes parejas que deciden vivir su mal llamada familia tradicional, están originando un futuro nada esperanzador para nuestro continente. Y peor aún será para España. En el año 2050 nos encontraremos con una catástrofe demográfica que no la arreglará ni el más bravo fornicador. Es de suponer que, junto a los problemas demográficos, vendrán los pertinentes económicos derivados de la pérdida de la renta por persona.

Pero es mejor no pensar en lo que vendrá. Hay que plantear nuestro futuro como algo innovador y emergente. Es más consolador gastarse los euros de todos los españoles en simpáticas fotografías que muestren a una minoría social emergente. Hay que disfrutar del deleite que produce el placer de poder desbancar a la familia tradicional. Ya se lo encontrarán los que vengan detrás de nosotros y para entonces… ¿quién se atreverá a darles explicaciones? ¡Qué les cuenten el placer que los progres de este país sintieron al destrozar el concepto de familia compuesta de padre, madre e hijos!

lunes, 28 de mayo de 2007

Cambio radical... ¿seguro?


Ella no se gusta. Él no se gusta. El espejo -¡maldito de él!- tronca sus ilusiones cada vez que se ven reflejados en él. El dilema aflora en su cabeza, y las preocupaciones brotan a borbotones. ¿Cómo atreverse a salir a la calle con este aspecto tan horrible? ¿Quién osaría ponerse un traje de baño con un cuerpo semejante? Cuando encienden el televisor, el programa lo deja muy claro: Si tu físico te acompleja, nosotros te lo cambiamos. Y luego, viendo esas caras tan felices de todos los que han pasado por él, es imposible resistirse a la tentación: una buena cirugía seguro que reporta felicidad.

UNAS CIFRAS QUE VAN EN AUMENTO
Según el presidente de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (Secpre) cada año el número de operaciones crece un 5% en nuestro país. En cirugía estética España es el primer país europeo con el 8% de todas las que se hacen en el mundo. Sólo la superan Estados Unidos (13%), México (9%) y Argentina (8,5%). En estos últimos tiempos el culto al cuerpo ha pasado a ser uno de los negocios más rentables que existen. Más de 800 millones de euros se facturan en España cada año viniendo de este negocio. Hoy en día cualquier persona se puede cambiar la nariz, quitarse unas arrugas, aumentarse el pecho, tensar el abdomen… siempre y cuando tenga los euros que se necesitan para poder llevarlo a cabo. Aunque también las formas de pago ya han dejado de ser un problema, pues en muchos casos ya existen todo tipo de facilidades para poder pagar a plazos. Si inicialmente la cirugía estética tenía una función sobre todo reparadora, ante algún infortunio de la vida, hoy en día esto ya no es así. Estados Unidos abanderó en los años 60 un nuevo género de cirugía, y España le siguió en la década de los 80. Y no es un campo restringido a las mujeres, que mientras el número de operaciones de ellas va creciendo de forma moderada, las de los hombres alcanzan cifras que se van doblando. Actualmente la cirugía no está destinada exclusivamente al mundo del espectáculo, sino que ya forma parte del presupuesto doméstico de las familias españolas. Y es que en España tenemos muchas playas, mucho sol, y somos muy mediterráneos.

¿CIRUGÍA IGUAL A FELICIDAD?
Asociar un cambio físico al logro de la felicidad, podría resultar algo un tanto irrisorio. Precisamente este pensamiento es el que se cuela cada vez más entre las adolescentes españolas. También los padres tenemos la culpa, que intentando crear una motivación hacia el estudio, hay quién compensa las buenas notas con el coste de una operación. Si apruebas las mates te pago una cirugía… algunos se atreven a decir. Poniendo en duda la eficacia educativa de una actuación de este calibre, cabe decir que las operaciones a estas edades –y principalmente las de algunos tipos- comportan sus riesgos. Las rinoplastas (arreglo de la nariz), por poner un ejemplo, no se deben realizar antes de los 17 años.

La publicidad, y determinados programas televisivos, están engendrando verdaderos adeptos que se operan de todo, y de forma periódica. Incluso algunos cirujanos ya tienen que ejercer también de psicólogos, intentando convencer a algunos pacientes que no es necesario tanto cambio.

Si nos quieren vender el producto, que también se sinceren con los riesgos que comportan las operaciones de este tipo. ¿Sabían que el artículo 10 de la Ley General de Sanidad recoge los derechos de los pacientes? Derecho al respeto, a obtener información de los servicios sanitarios, a ser advertido de los procedimientos… de todo ello también deberían hablarnos.

Esta misma semana salía la noticia que la cirugía estética es la principal fuente de reclamaciones. ¿Por qué? Por la falta de transparencia entre el médico y el paciente, los pobres resultados tras múltiples operaciones, consultas llenas a reventar… Así lo señala el estudio Situación actual de la Responsabilidad Civil en el Ámbito Sanitario, presentado en la jornada Escenario y Perspectivas de la Sanidad Española.

La búsqueda de la felicidad a través del bisturí viene impuesto por los cánones de belleza que nos imponen Teresa Viejo y sus colegas. Pero la felicidad no es ésto. Quién pretenda encontrarla en un pase por quirófano se puede llevar un gran chasco. La felicidad es algo mucho más profundo.

Respeto para quien desee operarse, pero también respeto para aquellos tachados como feos. El mundo no está hecho sólo para los guapos, y si no que se lo pregunten a Barbara Streisand, que bien presume de una nariz muy lejana de los arquetipos actuales. ¡Que viva los feos! Que como decía la Bestia… la belleza está en el interior.

lunes, 21 de mayo de 2007

Vida nueva en Second Life

“Es algo increíble…”. Y no me lo comentaba un niño precisamente. Adulto, casado y con dos hijos. Al igual que otros, ya tiene su Second Life. Uno más entre los millones de personas que forman parte de esta comunidad virtual. Todo ufano me explicaba las maravillas del juego que acababa de descubrir recientemente. Quién lo oyera, si tuviera dos dedos de frente, no podría contener una sonrisa. Como un niño estrenando sus botas de fútbol en un primer partido. ¿A tu edad?, le contesté. No vean el cabreo que cogió, tratándome de ignorante para arriba. Fue entonces cuando comprendí lo que ya había leído sobre Second Life, que no es sólo un juego, es algo mucho más.

Creado por Linden Lab y fundado por Philip Rosedale este juego ha conseguido originar toda una revolución. ¿De dónde cogieron la idea? Su inspiración proviene de la novela “Snow Crash”, publicada a principios de los años 90 y escrita por Neal Stephenson. En ella se recrea un mundo de simulaciones en el ciberespacio, en donde se confunden los buenos y los malos, y las propias consecuencias derivadas de sus actuaciones. Por otra parte, unas dosis del movimiento literario Cyberpunk no han faltado en esta creación. Éste es un subgénero de la literatura de ciencia ficción, que es conocido por su enfoque de alta tecnología y bajo nivel de vida. Los personajes del cyberpunk son seres marginados, alejados, solitarios, que viven desentendiéndose de la sociedad, donde la vida diaria es impactada por el rápido cambio tecnológico (Lawrence Person). Con un panorama semejante, el morbo está asegurado; y como un caramelo en boca de un niño no es tan fácil negarse a esta seducción. ¿Será por ello que ya son millones los que se han dejado imbuir?

Second Life se ha convertido en la máquina que convierte en realidad los sueños, y materializa las aspiraciones imposibles de alcanzar. Feos convertidos en playboy, menesterosos que no saben qué hacer con su dinero, debiluchos trocados en seres fornidos, apocados con un alto grado de sociabilidad. ¡Y todo a un bajo coste y sin esfuerzo alguno! En definitiva, el engaño encubierto bajo una densa cortina de humo.

En esta encrucijada, aprovechando la cercanía de un público fácil y accesible, ya han entrado a formar parte desde grandes empresas a políticos aspirantes a gobernar. La publicidad les sale gratis. Allí no encontrarán oposición a sus discursos, más o menos llenos de veracidad, porque aquellos a quiénes no les interese no les rebatirán, les ignorarán y punto.

Pero Second Life también es terreno pantanoso. Su lado oscuro empieza a descubrirse y su reputación ha quedado en vilo. Nick Shader, del programa de noticias Report Mainz, ha revelado casos de pederastia, fraude y lavado de dinero entre los usuarios. Las investigaciones no se han hecho esperar. El escándalo está servido.

¿Podría una vida virtual sustituir a la vida real? Sin duda alguna el juego ha conseguido verdaderos adeptos que le dedican muchísimas horas. Al igual que los problemas que podrían derivarse de los que hacen un uso abusivo del chat, internet u otro tipo de diversiones, también se encuentran en Second Life. La diferencia está en que en él uno juega a vivir. Por ello, este mayor realismo, puede embelesar a gente que antes no se sentía atraída con lo que había hasta ahora.

Second Life puede satisfacer aspiraciones puramente imaginarias, pero nunca podrá sustituir aquellas que son de tipo físico, y a la vez tan necesarias en toda vida humana: la proximidad real no existe, tus amigos no están a tu lado y no hay ni rastro de interacción humana.

Un alter ego enmascarado en Second Life. Puede resultar divertido, pero por muy difícil que sea la cruda realidad, más vale mantenerse despierto sabiendo lo que uno lleva entre sus manos, dedicando sus energías en sacar adelante los hitos propios del día a día. ¡Esto sí que es vida!

lunes, 14 de mayo de 2007

¿Realmente importa la familia?

La familia es un tema recurrente en análisis y comentarios de toda índole. De ella se habla y se debate. Se prometen y se adoptan medidas políticas. Muchos han dado la vida por ella. Hay quienes han salido a la calle para defenderla. Algunos luchan por conseguir los derechos según su propio concepto de la misma. Sí. La familia importa. Y por ello, desde el año 1993, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 15 de mayo como el Día Internacional de las Familias.

De la familia se ha dicho que es la célula primera y vital de la sociedad. En consecuencia pues, de su salud o enfermedad, dependerá la sociedad entera. Estamos de acuerdo. Es un círculo vicioso en donde la familia alimenta a la persona, y ésta –hecha fuerte en la familia- hace fuerte a la sociedad. “Sin familia no hay persona, y sin persona no hay sociedad”. Y si una sociedad no mima a la familia, acaba enfermando, se degenera, y su desgaste conlleva la muerte de esa misma sociedad.

La familia es la esfera en la que el hombre nace, aprende, se desarrolla y adquiere sus habilidades sociales básicas. Si todos fuéramos capaces de percibir el valor real que tiene, su destrucción no tendría lugar. Quienes hablan contra la familia no saben lo que hacen, porque no saben lo que deshacen. Hay que protegerla, cuidarla y defenderla.

Según la última estadística del Instituto de la Mujer, en el año 2001, de cada 100 matrimonios se produjeron 18,20 divorcios en España. Estadística que va en aumento cada año que pasa. En el año 2002 el promedio de hijos por mujer en la Unión Europea era de 1,47. Las españolas son las que menos (1,25).

Las cifras no engañan. Muestran la realidad tal y como es. Está claro que, en la actualidad, podemos afirmar que la familia está en crisis. Crisis porque descienden los matrimonios. Crisis porque aumentan las rupturas matrimoniales. Crisis porque descienden los hijos. Crisis porque aumentan los hijos fuera del ámbito familiar. Y crisis porque, desde los ámbitos gubernamentales, no se la protege ni se ponen medidas suficientes para defenderla.

La fidelidad no está de moda, suena a carca, y si encima alguien osa defenderla será tachado de rancio, primitivo y anticuado. Como si ser progre y moderno fuera sinónimo de infidelidad.

Conseguir un matrimonio estable no es una meta imposible, ni una utopía exclusiva para los que practican determinadas creencias religiosas. La fidelidad en el ámbito matrimonial forma parte de la antropología humana y es algo natural a ella.

La fidelidad se hace día a día, minuto a minuto, aprendiendo a descubrir la belleza que conlleva cada momento de convivencia. Dificultades siempre las hay. Son propias de toda relación humana. Pero cuando llega la tormenta hay que salvar el barco, echar cabos y evitar su hundimiento. Claro está que el matrimonio requiere esfuerzo, ligado a mucho sacrificio, pero prima siempre el goce si se cuida a diario. Lo que hay que hacer en la familia es demostrarse amor entre sus miembros, eso conlleva el servicio y la entrega.

Incluso para aquellas crisis que se presentan como imposibles de salvar existen todo tipo de ayudas a las que se puede recurrir. Siempre será necesario, claro está, la propia voluntad de los cónyuges en querer salir adelante.

La convivencia es un arte y, de hecho, es una enseñanza que resulta incomparablemente superior a la de cualquier razonamiento abstracto sobre la tolerancia o la paz social.

Es necesario que los gobernantes sepan valorar y apreciar este bien supremo como es la familia. Debe ser una preocupación primordial, sin olvidar –claro está- todo aquello que también favorezca la buena marcha de un país. El estado debe facilitar las medidas económicas y sociales necesarias para el buen sostenimiento familiar. Los padres deben recibir préstamos y ayudas para poder tener los hijos, y por supuesto deben existir las medidas sociales pertinentes que regulen y faciliten su sostenimiento.

Contradictoriamente se ponen esfuerzos y ayudas para posibilitar todo tipo de rupturas, y no se invierte en ayudar a salvaguardar los matrimonios. ¿Hacia dónde vamos? Mejor dicho… ¿hacia dónde nos quieren llevar los políticos?

Porque no viene siendo, precisamente, la familia, un tema que preocupe en el poder ejecutivo. ¿Será que no vende la familia? ¿Resta votos el defenderla?

“Si queremos preservar la familia hay que revolucionar la nación” (dixit Chesterton). Pues harán falta muchos revolucionarios que estén dispuestos a luchar de veras, porque visto el panorama social actual, como no empiece pronto la lucha, la familia se nos hunde. ¿Quién se apunta?